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CAERSE ESTÁ PERMITIDO, LEVANTARSE ES UNA OBLIGACIÓN

Psicología

Hoy con Tonino Tarquini, Psicólogo Sanitario y experto en inteligencia emocional hablaremos de: Resiliencia y su gran valor en diferentes contextos que van desde el mundo laboral al social pasando por el personal, educacional y de la sanidad.

 

—¿Resiliencia es lo mismo que resistencia?

 

—No, resiliencia y resistencia no son la misma cosa, en psicología hacemos especial hincapié en diferenciar los dos términos, que pueden convivir juntos pero cuyo fin es diferente.

 

Resiliencia y resistencia, aunque son sinónimos presentan etimologías diferentes.

 

La palabra resistencia tiene su origen en el latín “resistentia” que significa: mantenerse firme, oponerse reiteradamente sin perder el puesto o la posición, algo que no se mueve, que permanece firme. La palabra resiliencia proviene del latín “resilio” que significa: saltar, rebotar. Y en esto que se halla la gran diferencia. Por esto, aunque las confundamos a menudo, la resistencia se refiere a la capacidad de aguantar sin llegar al consiguiente punto de rotura, sin embargo, la resiliencia va un paso más allá de la simple resistencia o aguante, ofreciendo a la persona que sufre un trauma físico o emocional la capacidad de recuperación y sobre todo de superación del mismo.

 

El termino resiliencia funda sus raíces en la química, la física y la ingeniería mecánica, y se refiere a la capacidad que presenta un material de recuperar su estado tras haber sufrido un cambio o alteración fruto de agentes extrínsecos. Resiliencia se refiere a la elasticidad o memoria que posee una estructura molecular más o menos compleja para recuperar su estado original.

 

Resumiendo: la resistencia está más relacionada con una esteticidad de la situación mientras la resiliencia es un concepto más dinámico y fluido que está vinculado a un proceso de cambio y de adaptación. Cuando hablo de proceso de cambio me refiero a la gran oportunidad de crecimiento que está intrínsecamente ligada a la resiliencia. Cosa que no pasa en la resistencia. La resiliencia es un constructo de más amplia aplicación en diferentes campos que varían desde la sociología, la psicología, la educación pasando por las organizaciones laborales, médicas etc.

 

La palabra resiliencia muy de moda durante la reciente pandemia había llegado a convertirse en un mantra constante en los medios de comunicación, y en el día a día de la mayoría de las personas.

 

—¿Cómo se desarrolla una sana resiliencia, se nace con ella o se hace?

 

—La resiliencia es un conjunto de habilidades que se aprenden y están estrechamente relacionados con la inteligencia emocional. Antes de ser resiliente y de sobreponernos a las dificultades, tendremos que ser conscientes de qué nos está pasando, aceptarlo, modularlo y transformarlo. La resiliencia demanda una adecuación cognitivo conductual.

 

La resiliencia no se hereda, no tiene un firme componente genético. La resiliencia es futo de un aprendizaje, y el contexto en el cual una persona crece y se desarrolla es básico. La capacidad de adaptación es propia de cada persona. Cada uno reacciona de forma diferente frente a pequeños grandes traumas de la vida. Cuando hablo de traumas me refiero a las heridas emocionales y físicas que nos afectan a lo largo de nuestra existencia terrenal.

 

Aprender a ser resiliente es un trabajo, una experiencia que tendría que ser trabajada desde las primeras etapas del desarrollo cognitivo y emocional de un individuo. Desde la primera infancia. El entorno primario es determinante en su desarrollo. Hay diferentes teorías que relacionan el aprendizaje y el desarrollo de esta habilidad. Entre las varias, una de las más aceptadas es la que vincula la resiliencia con los diferentes estilos de apego generados durante la infancia. La experiencia de crecer y tener modelos de personas resilientes a nuestro alrededor nos empuja a imitar determinados patrones de conducta (aprendizaje por imitación). Una sana autoestima, un conveniente conocimiento, la valoración del yo, un locus de control interno, una apropiada modulación emocional, entre otros, representan variables protectoras. Resumiendo: necesitamos de una oportuna alfabetización emocional.

 

La Resiliencia nos permite ser personas mejores y aprender de las vicisitudes, sobreponernos a ellas y seguir adelante. Pero aunque es una habilidad que se aprende con mayor facilidad en las etapas tempranas de la vida está claro que podemos aprenderla desarrollarla y potenciarla a lo largo de todo el proceso vital. 

 

—¿Qué podemos hacer para mejorar nuestro estándar de resiliencia?

 

—A lo largo de un proceso vital, nos enfrentamos a situaciones que suponen cambios más o menos drásticos, eventos como la pérdida de un familiar, pérdida o final de una relación sentimental, o laboral, así como enfermedades, violencias etc.

 

Muchos niños han pasado a largo de su infancia por situaciones límite, como abandono, violencia, sin embargo, llegan a ser adultos perfectamente funcionales.

 

Estos eventos tan señalados, tan difíciles, estos golpes que la vida nos asesta de forma inesperada, son la base de un progreso y enseñanza de los cuales podemos salir fortalecidos.

 

Aceptar los cambios que se presentan a lo largo de un proceso vital, es fundamental, cuanto más rápido y flexible sea el proceso de adaptación, mayor será el nivel de resiliencia. Una persona asertiva es aquella que sabe encontrar en los procesos de cambio una oportunidad de crecimiento y aprendizaje, a diferencia de una persona que lo identifica como un peligro o una amenaza a su estado quo.

 

Es clave en todos estos procesos mantener una actitud positiva y apertura mental, que permita poner en marcha diferentes estrategias de enfrentamiento hacia los diferentes desafíos que se presentan a lo largo del camino.

 

A menudo cuando hablamos de resiliencia nos solemos referir a la metáfora del junco, que se dobla ante las adversidades atmosféricas, pero no se rompe.

 

El deporte está repleto de ejemplos de resiliencia, historias de superación.

 

De buen futbolero que soy, cada vez que pienso en una metáfora futbolística relacionada con la resiliencia me vienen a la mente los hinchas del Atlético de Madrid, y la final de Lisboa del 2014. Permitirme, con un poco de ironía: Ellos si pueden entender bien de qué estoy hablando.

 

Concluyendo, a lo largo de nuestra vida nos enfrentamos a un sin fin de dificultades.

 

Todos hemos vivido situaciones de abandono, pérdida, derrotas, etc., lo que nos diferencia no es lo sucedido, es la forma en la cual nos enfrentamos a esas situaciones.

 

Ser resiliente no significa no sentir el dolor, ni pasar por alto las situaciones, eventos o accidentes negativos de nuestra vida. Ser resiliente equivale a saber aceptar las derrotas, las perdidas, el descontento, las desilusiones y encontrar la fuerza para levantarnos y sobreponernos a esas situaciones. Levantarse después de una caída y seguir adelante por el camino, haciendo tesoro lo aprendido.

 

Una persona resiliente en línea general es una persona positiva, pero sobre todo objetiva, con un elevado autoconocimiento, una buena autorregulación emocional y altos niveles de autoconfianza en si mismo. La cognición como la conducta humana, además que muy complejas son propias de cada individuo por esto no existe un modelo general o un protocolo de resiliencia que se pueda extrapolar a la población general.

 

La clave de la resiliencia se encuentra en reencuadrar lo sucedido y pasar del: “por qué” me ha pasado lo que ha pasado, hacia   el “para qué” ha pasado.

 

Caerse está permitido levantarse es una obligación.

 

FUENTE: La voz de Tomelloso

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Psicología

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